
En el Japón del siglo XIV, Oniyasha, hijo del líder de una compañía de sarugaku, se pregunta: ¿por qué baila la gente? Su espíritu inquieto encuentra respuesta al presenciar una danza verdaderamente "buena". A través de encuentros, risas y lágrimas, el joven forja un nuevo arte en un mundo marcado por la fugacidad.